Capilla Virgen Milagrosa en París

La Capilla de la Virgen Milagrosa (también conocida como Capilla de la Virgen de la Medalla Milagrosa o La Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa) está ubicada en el VII Distrito de París, Francia, en el 140 de rue de Bac. La capilla fue construida en 1815 en el "Hotel de Chátillon" y atribuida por decreto imperial dos años antes a la Compañía de las Hijas de la Caridad. El oratorio estaba dedicado entonces al Sagrado Corazón de Jesús, aunque tiempo después conoce los acontecimientos excepcionales que van a tener lugar en 1830, en el mayor de los secretos. Sor Catalina Labouré, una novicia de 24 años, recibe tres visitas de la Madre de Dios "en carne y hueso", dirá ella, para confiarle una misión: hacer acuñar una medalla con esta invocación: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". A partir de mayo de 1832, la difusión extraordinaria de la medalla, acompañada de conversiones, protecciones y milagros, lleva a los fieles a llamarla "milagrosa". El 8 de diciembre de 1854, Pío IX define el dogma de la Inmaculada Concepción. Las apariciones de Lourdes confirmarán en 1858 la revelación de la plenitud de gracia en María. En 1849, se agranda la capilla. Durante los años siguientes se realizan otras transformaciones. La verdadera reconstrucción tuvo lugar en 1930 y la Capilla queda tal como la vemos hoy. Adicional a lo anteriormente mencionado se destacan algunos aportes y obras que se describen a continuación:

 

EN EL PASILLO DE ENTRADA, TRES GRANDES SANTOS


Genio de la caridad, San Vicente de Paúl socorrió, "material y espiritualmente", a los pobres, los enfermos, los presos, los niños abandonados, los ancianos, las víctimas de la guerra. Para el servicio de los más desfavorecidos, fundó en 1617 las Cofradías de las Damas de la Caridad (en Francia, los Equipos de San Vicente), en 1625 los Sacerdotes de la Misión (Lazaristas) y en 1633, con Santa Luisa de Marillac, fundó las Hijas de la Caridad. A su inmensa obra en favor de los pobres, se une su acción incansable de evangelización del campo y la formación del clero. Su corazón adquiere las dimensiones del mundo: en 1648, algunos misioneros parten a Madagascar y, en 1652, Sacerdotes de la Misión e Hijas de la Caridad llegan a Polonia. El 27 de septiembre de 1660, San Vicente muere repitiendo estas palabras que fueron el secreto de su vida: "¡Creo!" "¡Confio!". El 25 de abril de 1830, tiene lugar la traslación de las reliquias del que París llama "Padre de los Pobres". En el cortejo solemne que lleva de la Catedral de París, "Notre Dame", a la capilla de San Vicente, en la calle de Sévres, 95, se encuentra una joven novicia borgoñona que ha descubierto su vocación a través de una llamada del gran santo: Catalina Labouré. Cofundadora de las Hijas de la Caridad, Santa Luisa de Marillac fue, primero esposa y madre. Al quedarse viuda, el encuentro con San Vicente fue determinante en su vida. Fue Dama de la Caridad y después reunió algunas jóvenes del campo, deseosas de entregarse a Dios para el servicio de los pobres. Con San Vicente, Luisa estableció una Compañía de un estilo nuevo, enteramente dedicada al servicio de los pobres y de los enfermos. Dos días antes de su muerte, dejó a las Hermanas su testamento espiritual: "Tengan gran cuidado del servicio de los pobres y sobre todo de vivir juntas en una gran unión y cordialidad, amándose las unas a las otras, para imitar la unión, y la vida de Nuestro Señor. Pidan mucho a la Santísima Virgen que sea Ella su única Madre". Santa Luisa muere el 15 de marzo de 1660, unos meses antes que San Vicente.


LA PRIMERA APARICIÓN


TESTIGOS DE LA PRIMERA APARICIÓN


Donde está actualmente la estatua de San José, se encontraba un cuadro de Santa Ana. Debajo de este cuadro, la noche del 18 al 19 de julio de 1830, se apareció la Santísima Virgen sentada en un sillón que está colocado actualmente en la capilla lateral derecha dedicada a San Vicente. En esta capilla hay un altar de mármol, adornado con piedras preciosas. Procede, como el tabernáculo del altar mayor, de la calle de Vieux Colombier. De 1815 a 1856, fue el altar mayor de la capilla. Este altar es el que la Santísima Virgen designó con la mano a Santa Catalina en la primera aparición, cuando le dijo: "Venid al pie de este altar. Aquí las gracias serán derramadas sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor". Allí también se puede apreciar la estatua de San Vicente de la casa Raff, que data de 1930. En 1934, se coloca un mosaico de Mauméjean: las llamas de la caridad rodean al santo. Dos ángeles llevan los escudos, el de las Hijas de la Caridad y el de los Sacerdotes de la Misión. En este último está escrita la máxima evangélica: Me ha enviado para evangelizar a los pobres. A la izquierda, leemos estas palabras de San Vicente: "La gracia de la perseverancia es la mayor de todas las gracias, y la muerte que nos encuentre con las armas en la mano, es la más gloriosa y la más deseable". A la derecha, una frase de San Vicente a las Hijas de la Caridad. En el arco, la exhortación del santo: "Amemos a Dios, pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente". En el centro, un relicario de metal dorado (1) contiene el corazón del apóstol de la caridad. Esta reliquia estuvo guardada en Turín durante la Revolución; después, en 1805 se llevó a la catedral de Lyon. Desde 1947 ocupa este lugar en la calle del Bac.


REINA DE LOS ÁNGELES



Es una pintura que fue creada en 1930 por un joven estudiante de Bellas Artes, André Mériel Bussy; y sirvió para adornar el gran espacio resultante de la elevación y ampliación de la nave. Este fresco es una de las primeras obras del artista y recuerda la primera aparición de la Virgen, sentada en un sillón y rodeada de ángeles. En ella anuncia una misión a Sor Catalina que está arrodillada, con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen. Un niño, el Ángel de la Guarda de Catalina, quien la condujo a la capilla, esta al lado de la Reina de los Ángeles. De un azul pálido, este fresco está en perfecta armonía con los mosaicos del altar de San José y de la Virgen del Globo.


LA SEGUNDA APARICIÓN


El 27 de noviembre de 1830, víspera del primer domingo de Adviento, a las cinco y media de la tarde, en el silencio de la oración, en la capilla, es el lugar donde está la Virgen del globo, y en esta escultura se puede apreciar a la Virgen con los pies apoyados en una bola de la que solo se puede ver la mitad y tiene en sus manos un globo dorado. "Este globo que ves representa al mundo entero, especialmente a Francia y a cada persona en particular", oye decir Catalina. Hasta 1876 no se realizó una estatua representando esta primera fase de la segunda aparición, y se hizo a petición urgente de Catalina, poco antes de su muerte. Esta obra de Froc-Robert se conserva desde entonces en Reuilly, donde Sor Catalina pasó cuarenta y seis años al servicio de los pobres. En 1880, se pidió a Froc-Robert que hiciera una estatua más grande para la capilla. Esa estatua se sustituyó en 1930 por la actual (obra de Real del Sarte). Ésta, de mármol de Carrara, se colocó sobre un mosaico con fondos azules rodeado de flores de lis, del taller de Mauméjean.


LA TERCERA APARICIÓN


Durante una tercera aparición, en diciembre de 1830, María, que se apareció encima del Sagrario, confirma a Catalina la misión confiada el 27 de noviembre. Después dijo a Catalina: "Ya no me verás más". En 1832 se acuñó la medalla. A la vista de las curaciones y conversiones que acompañaban su difusión, el pueblo de París la llamó "Medalla Milagrosa". Provisionalmente, una estatua de escayola representó a la Virgen de los rayos. Pero en 1850, en agradecimiento a las Hijas de la Caridad por su abnegación durante la epidemia de cólera de 1832, el Gobierno regala a la Comunidad dos magníficos bloques de mármol blanco procedentes del Depósito de la Isla de los Cisnes (París).En ese momento se encarga al escultor Maldiney la gran estatua de la Virgen de los rayos, aureolada de doce estrellas; María es la Madre de la Iglesia fundada sobre los doce Apóstoles. Con el otro bloque de mármol se realiza un nuevo altar mayor, majestuoso, realzado con esculturas doradas, y unos medallones incrustados que contienen reliquias. A cada lado del altar, un ángel lleva una lámpara. LA CORONA (Parte inferior derecha de la imagen): En 1897, en respuesta a la petición del Padre Fiat, Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, el Papa León XIII concede la autorización para coronar "la estatua de la Inmaculada Concepción, LLAMADA DE LA MEDALLA MILAGROSA". La corona, regalada por algunas personas piadosas y por las Hijas de la Caridad, fue realizada por Mellerio. La solemnidad de la coronación tuvo lugar el 26 de julio de 1897.


SANTA CATALINA



En 1880, se mandó colocar un pequeño altar, muy bonito, en el lugar mismo indicado por Sor Catalina poco antes de su muerte, donde tuvo lugar la aparición del 27 de noviembre de 1830. La parte delantera del altar es de ónice flanqueado por unas columnas de lazulita engarzadas en bronce dorado. Ese mismo año 1880, se colocó encima de este altar la Virgen del globo. Sor Catalina se durmió en la paz del Señor el 31 de diciembre de 1876, a las 7 de la tarde. Sor Dufés, Superiora de Reuilly dijo a sus compañeras: "Sí, es ella la que vio a la Santísima Virgen", y al día siguiente del entierro, escribió que había visto "cómo mueren los santos, con qué sentimientos de confianza y de alegría ven llegar este último momento, cuando han sabido vivir para Dios y sólo para Dios". Después de su muerte, su cuerpo fue depositado en una fosa bajo la capilla de Reuilly. En 1933, para su beatificación, se procedió, en presencia de algunos testigos, a la exhumación de su cuerpo que se encontró incorrupto. Fue trasladado entonces a la calle del Bac y colocado en una urna, debajo del altar de la Virgen del globo. Para ello la parte delantera del altar se llevó hacia el interior de forma que constituye el fondo mismo de la urna. El hábito que lleva Sor Catalina es como el que llevaron las Hijas de la Caridad hasta 1964. El 27 de julio de 1947, Pío XII procede a la canonización de Sor Catalina, a la que él llama "la santa del silencio".